Ir directamente al contenido
11/02/2025 / José Quintás Alonso

Pol Pot también era antifascista

Quería expresar mi opinión de que el verdadero fascismo está entre los actuales grupos violentos, que son alentados desde el poder político, se llaman «antifascistas»

Pero leí este artículo que copio y pego y con el que estoy básicamente de acuerdo:

«David Mejía. Actualizado Domingo, 2 noviembre 2025 – 00:07

En los años de juventud y vulnerabilidad, me preguntaba por qué los antifascistas no se hacían llamar sencillamente demócratas. Al fin y al cabo, ser antifascista es condición necesaria del demócrata, pero no suficiente. Si la intención es defender la democracia, ¿por qué arriesgarse a ser confundido con un totalitario de otra casta? Pol Pot también era antifascista.

Pronto entendí que nadie ha ligado nunca presumiendo de demócrata. La radicalidad es más atractiva y funciona mucho mejor en los bares. Presumir de demócrata es como presumir de ser auxiliar administrativo o de reducir la velocidad en las curvas. Hay que reconocer que, cuando asoman los skinheads, no es muy tranquilizador escuchar: «Calma, están llegando los demócratas». En cambio, la palabra «antifascista» rezuma fuerza, riesgo y compromiso.

Una cosa que me sorprendía de los antifascistas es que llamaban «fascistas» a los muchachos de polo y náuticos, y «chavales» a las hordas de encapuchados que lanzaban piedras a la policía, quemaban contenedores y boicoteaban las conferencias de Fernando Savater. (Ven, otra cosa que no puedes hacer declarándote demócrata es boicotear charlas de Fernando Savater. Son todo limitaciones).

Un día comprendí que el antifascista nunca se declararía demócrata porque perdería, además del glamur, su bien más preciado: la licencia para ejercer la violencia. El antifa puede pegar, acosar, destruir o boicotear sólo con decir que tal cual acto, tal o cual presencia, promueve, beneficia, blanquea o alienta el fascismo. Entendí que en democracia el antifascismo no es más que un pretexto para ejercer la violencia política. Y por eso, que el propósito de los antifascistas no era protegernos del fascismo, sino de la democracia.

El periodista José Ismael Martínez recibió una paliza, muy antifascista, en Pamplona. Los tontos y tontas habituales han celebrado el acto de resistencia de los «chavales», y desde el Gobierno -que detuvo su agenda para condenar los cánticos del colegio mayor Elías Ahuja- sólo ha habido silencio. Mientras dependa de los apoyos de Bildu y Podemos, deberán de transigir con lo que hagan sus cachorros. Si su continuidad exige tolerar la violencia, lo hará. Y cuanto más débil se sienta, más partidario será de convertir espacios comunes en escenarios de lucha e intimidación.»

Y si, el Gobierno ha mostrado sus cartas claramente:

«desde el Gobierno -que detuvo su agenda para condenar los cánticos del colegio mayor Elías Ahuja- sólo ha habido silencio. Mientras dependa de los apoyos de Bildu y Podemos, deberán de transigir con lo que hagan sus cachorros. Si su continuidad exige tolerar la violencia, lo hará. Y cuanto más débil se sienta, más partidario será de convertir espacios comunes en escenarios de lucha e intimidación.»

No se olviden de esta frase por favor:

«Y cuanto más débil se sienta, más partidario será de convertir espacios comunes en escenarios de lucha e intimidación»