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11/06/2013 / José Quintás Alonso

La economía del Bien Común I.

EconomiaBienComun

 

 

Si lees este post, la moraleja, la conclusión es: compra el libro, léelo, medítalo…

Comencé a leer este libro (Deusto.2012.ISBN:978-84-234-1280-8) de  Christian Felber  y he de decir que al comienzo le vi un montón de cosas que no me agradan demasiado, por ejemplo:

  1. Trazar un cuadro sombrío del Capitalismo: todos los “males”  imaginables los produce él!. Uno piensa que algo razonable habrá hecho. Por el contrario la economía del Bien común será un compendio de cosas buenísimas: ¡ni una duda alberguemos!.
  2. Pone énfasis, para mi exagerado, en la “dignidad humana”[1], en la “felicidad”[2]
  3. Maneja con soltura el concepto de “pueblo”, al que no le pone hígado o riñón.
  4. Da saltos lógicos, por ejemplo, del hecho de que una norma se elabore democráticamente deduce que no estará basada en dogmas[3].
  5. Confunde realidad con propósitos[4].

And so on.

Sin embargo:

En la pág 52 se citan los antecedentes lo cual siempre es reconfortante (Etiquetaje de productos EMAS, ISO, sistemas como EFQM  cuadro de mando integral, acerca de la sostenibilidad de la actividad(GRI): Responsabilidad Social Corporativa.

En la página 58 y 59 plantea la matriz del bien común 4.0 (2012) de la cual dice que hay indicadores. Afecta a empresas y a las relaciones de estas con los stakeholders

En la pág 61 se propone un etiquetaje que orienta al comprador. Se SUPONE que los consumidores comprarán más los productos con un balance del Bien Común alto que a uno bajo.

En Pág 62 se detallan los mecanismos por los que el  Estado recompensa a las compañías que mejor Balance  del Bien común tienen ( para mi todos son razonables, SALVO el que se llama “Ayudas Directas” pues pienso que puede ser usado, perdón, será usado para premiar a “amigos ineficientes” que contribuyan con donativos a las campañas electorales (por ejemplo).

Pero lo que me decidió a seguir leyendo y a recomendar el estudio del proyecto es que el papel del Estado en este proceso se minimiza, digamos que no haría más de lo que hace ahora. Así:

******Auditoría del bien común (pág 64). ¿No se necesitaría un Estado-Leviatán que siga y controle a las empresas a cada paso?. NO SE NECESITA. NO SE NECESITA AL ESTADO PARA CASI NADA. ( minúsculas en el original).

******En la pág 66 podemos leer: “las empresas tienen un interés intrínseco en conseguir la mejor puntuación posible dentro del bien común, porque con ello atraen ventajas. No obstante la implementación de cada uno e los criterios es voluntaria, por lo que no se necesita de ninguna autoridad controladora ni de burocracia (“Ministerio del Bien Común”). El balance del bien común dirige el comportamiento de las empresas sin desencadenar una orgia de normativas y control estatal”.

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Dos notas:

  1. El      Balance propuesto afecta  directamente a EMPRESAS y claro está a los      trabajadores que en ellas prestan sus servicios.
  2. Aunque      pueda irse poniendo en marcha paulatinamente, el capitulo de incentivación      a las empresas que mejor balance presenten (por ejemplo) exige utilizar al      Estado; por tanto, se necesita concurrir a las elecciones ( si bien muchos      aspectos serán recogidos por los partidos tradicionales).


[1]“Dignidad quiere decir “valor en igualdad, sin condiciones e inalienable” que poseen todos los seres humanos. La dignidad no requiere de ninguna acción, tan solo de existencia”. Pág 32. Con esas cualidades, ¿de que se preocupa?.

[2] “En mi opinión quien más lejos ha llegado es el Reino de Bután con su “felicidad nacional bruta”. Pág 49. En 2003 y respecto al IDH ( se calcula para 175 países)  Buthán ocupaba  136 posición; es decir que veo muy conveniente que se ocupen de ello. Noruega estaba en 1º lugar, Austria en el 16, España el 19º, Canada 8º, Japón 9º…Sin duda en estos 10 años  ( con 6 de crisis…las posiciones habrán variado…aunque no creo que mucho)

[3] “No se volverán a crear normas para la economía basándose en dogmas no probados, sino que estas se elaborarán democráticamente”. Pág 22.

[4] “…el proceso debe ser decidido por soberanía democrática, y al aprobarlo, se recogerá en la Constitución. Raras veces se crea una Ley o un artículo constitucional de forma tan limpia. El balance del bien común se puede actualizar y ajustar en cualquier momento. El pueblo soberano siempre lo empezará y acabará”. Pág 57.

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