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04/21/2016 / José Quintás Alonso

El mirlo y la mirla

Así me cuentan que pasó y en primera persona lo digo.

Estaba yo pronto-cenando un pedacito de mediterránea y un culín de verdejo, cerca de las 21h, cuando llegó mi amigo el mirlo. Negro como la noche cerrada; con su pico-laser, terror de los gusanillos en general y la rosquilla en particular.

Cantó y cantó; por supuesto, me vió. Pensaría: el gafotis!.

Y se fue entre los árbolitos ( para ser exacto: 4), pero allí debe tener su nido, habitación de primavera o lo que sea.

Al poco, apareció la mirla; menos negra, más bien gris-blanco-gris. Y también me vió.

Yo, como al esfinge; ahora, eso si…sin soltar la mediterránea (otra porción…u otra) y la copita: inmovil.

Pero la mirla, digo yo que se dijo: ¡hummmmm!. Voló hacia la derecha. Cantaba el mirlo en la espesura (para orientar supongo). La mirla…un par de pasitos para aquí…par de pasitos para allá…aparezco y desaparezco..ale hop!

Sale el mirlo y se posa en la desnuda jacaranda y canta, venga a cantar; entre él y la Pastoral, no sabia a quien atender!.

Cuando… atención!!!.

De la espesura sale otro canto; y cambia el mirlo de tono…y responde supongo. Y suenan como violines. ¿Que ha ocurrido?. Creo que la mirla ha ido cresteando y luego ha hecho rapel y está en la espesura que tantas veces han visitado; y le dice: estoy aqui.

Al poco, el mirlo se calla y vuela a la espesura; están un rato de charreta y cuando escribo estas líneas no se oye nada.

Pienso que están felices.

Yo también.

Pero añoro.

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