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07/25/2018 / José Quintás Alonso

Tres poemas

Maneras de escuchar un blues

Es hermosa esta noche de verano,
aunque no más hermosa
que cualquier otra noche de verano.
Es hermosa esta noche en que estoy solo,
y fumo y he dejado
en penumbra la casa mientras sueña
un dulce y triste blues,
un blues tan triste y dulce como otros.
Nada en mí, ni en la noche, ni en la música,
se diría especial, y sin embargo
existe algo muy hondo en esas cosas
que parecen sencillas:
una extraña grandeza que no acaba
de ser exaltación, tragedia, paz,
pero que es todo eso, y es también
un sentir claramente
que para que esto ocurra ha sido necesario
apurar estos años, acumular recuerdos,
haber ganado
y haber perdido tantas cosas.
Para que este piano suene así,
para temblar así con esta música,
ha sido necesario
ir llenándola poco a poco
de belleza y de daño, ir llenándola
con nuestra propia vida, para que se parezca
a nuestra propia vida, y suene así:
tan insignificante
y tan grande, tan triste, tan hermosa.

(Vicente Gallego)

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ÁLAMO BLANCO
en una celda.
¡Qué extraña la belleza
tan densa
de un cuerpo contraído!

Puro estado de pétalo
desnudos los surcos del alma.

Transita de una mirada indescifrable
réplica en el cristal
de su honda sombra
a unos ojos sobreiluminados.
La luz desengañada de la luz.

Salvo la desposesión
nada posee.
Sólo le quedan dos objetos preciosos
que ofrecer:
sus besos (a veces ya no acierta
le salen hacia adentro
o se rompen sin llegar a tu mejilla)
el virgen resplandor con que sonríe
y –sin pretenderlo-
te desarma.

Es lo que queda de ella.
Nada más.
Un mínimo belén de
gestos desvalidos.

Me hago un harén
con sus miradas:
un incendio de pájaros
perdidos
a los que doy cobijo
-le acaricio- en su cara.

Cuando nadie me ve
uso sus gestos:
me estremece
un pasado futuro
a flor de aire.

Investigo en su ausencia
de nostalgia
la raíz del perdón.

Ahora que no estás
nunca me faltas.

Sucedes a través
de lo desconocido:
el átomo infinito
la dulzura sin dueño…..

Has dejado en mis manos
un hueco de paloma
que respira.

Emilio Pedro Gómez García )

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Care pater

Duerme tranquilo, padre, estoy despierto.
Tu mano está en mi mano, como estuvo
la mía entre las tuyas, cuando niño,
y nunca he de soltarla mientras vivas. […]

yerran
aquellos que me dicen que a tu lado
yo destruyo mi vida, que la pierdo […]

y al escucharlo me es inevitable
sentir asco del tiempo en que vivimos:
me parece tan triste y repugnante
que esa noble palabra, sacrificio,
les sea incomprensible a casi todos…
No es extraño; ya apenas nadie sabe
qué cosa es el amor…

Mario Míguez )

 

 

 

 

 

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