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01/03/2019 / José Quintás Alonso

Figuras políticas del Mal

<…>También las circunstancias tuvieron su papel en esta economía de los recuerdos. La Segunda Guerra Mundial, que extiende hasta nosotros su sombra siniestra, proscribió al fascismo de la humanidad, mientras que la Unión Soviética se contaba entre sus vencedores. Y el comunismo se descompuso desde dentro, sin ser vencido. Sus víctimas son ante todo los pueblos dela URSS, con los rusos y ucranianos a la cabeza, mientras que la Alemania nazi mató sobre todo fuera de casa: a judíos pero también a polacos, rusos, ucranianos, holandeses, franceses, etc. Occidente manifestó muy poca compasión hacia los lejanos pueblos del Este europeo víctimas del comunismo, mientras que tuvo una experiencia concreta de la opresión nazi.

De ahí llego al exterminio de los judíos, que constituye el punto culminante de los crímenes cometidos en el siglo en nombre de una ideología política. No excusa ninguno de los otros: ni la matanza de kulaks a comienzos de la década de 1930, ni el asesinato masivo de las élites polacas en Katyn y otros lugares en 1940, ni, aún más cercanos a nosotros, los horrores del «Gran Salto hacia adelante» en China o el genocidio camboyano. pero lo que distingue al Holocausto judío entre estas otras figuras políticas del Mal proviene quizás de dos tipos de razones. La primera consiste en que el punto de mira de la empresa de exterminio de los judíos estuvo puesto en hombres, mujeres y niños por el mero hecho de que nacieron tales, con independencia de toda consideración inteligible surgida de las luchas por el poder. El terror antisemita perdió toda relación con la esfera política donde se gestó.

La segunda serie de razones atañe al carácter del pueblo judío en la historia de la humanidad y muy en especial de Europa. El pueblo de la Biblia es inseparable tanto de la Antigüedad clásica como del cristianismo. Sobrevive como testigo perseguido de otra promesa en la Edad Media cristiana. Asume un papel desproporcionado al número de sus miembros en la aparición de las naciones y el advenimiento de la democracia. Al martirizarlo y tratar de destruirlo, los nazis matan la civilización de Europa por culpa de las armas de uno de los pueblos más civilizados de Europa, nosotros —quiero decir nosotros los europeos, y no sólo los alemanes- no nos hemos desprendido de esta desgracia, que va a sobrevivirnos. Las formas de rememoración que adopta, el tipo de pedagogía que inspira, no siempre son muy profundos, y puede ser utilizada con finalidades políticas. pero 1o que esa desgracia expresa ha de tomarse como un sentimiento político esencial en los ciudadanos de los países democráticos en este fin de siglo. <sigue>

François FURET

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