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05/22/2020 / José Quintás Alonso

El Buscón en las Indias

Recordaba El Buscón de Quevedo, tan gráfico y divertido que encontró un hueco en mi memoria durante decenas de años:

“Yo, con esto, me comencé a afligir; y más me susté cuando advertí que todos los que vivían en el pupilaje de antes estaban como leznas, con unas caras que parecía se afeitaban con diaquilón. Sentóse el licenciado Cabra y echó la bendición. Comieron una comida eterna, sin principio ni fin. Trujeron caldo en unas escudillas de madera, tan claro, que en comer una dellas peligrara Narciso más que en la fuente. Noté con la ansia que los
macilentos dedos se echaban a nado tras un garbanzo güérfano y solo que estaba en el suelo. Decía Cabra a cada sorbo:
-Cierto que no hay tal cosa como la olla, digan lo que dijeren; todo lo demás es vicio y gula.
Y, sacando la lengua, la paseaba por los bigotes, lamiéndoselos, con que dejaba la barba pavonada de caldo. Acabando de decirlo, echóse su escudilla a pechos, diciendo:
-Todo esto es salud, y otro tanto ingenio.
-¡Mal ingenio te acabe!, decía yo entre mí, cuando vi un mozo medio espíritu y tan flaco, con un plato de carne en las manos, que parecía que la había quitado de sí mismo. Venía un nabo aventurero a vueltas de la carne (apenas), y dijo el maestro en viéndole:
-¿Nabo hay? No hay perdiz para mí que se le iguale. Coman, que me huelgo de verlos comer.
Y, tomando el cuchillo por el cuerno, picóle con la punta y asomándole a las narices, trayéndole en procesión por la portada de la cara, meciendo la cabeza dos veces, dijo:
-Conforta realmente, y son cordiales.
Que era grande adulador de las legumbres. Repartió a cada uno tan poco carnero, que, entre lo que se les pegó en las uñas y se les quedó entre los dientes, pienso que se consumió todo, dejando descomulgadas las tripas de participantes. Cabra los miraba y decía:
-Coman, que mozos son y me huelgo de ver sus buenas ganas.
(¡Mire V. Md. qué aliño para los que bostezaban de hambre!). Acabaron de comer y quedaron unos mendrugos en la mesa y, en el plato, dos pellejos y unos güesos; y dijo el pupilero:
-Quede esto para los criados, que también han de comer; no lo queramos todo….”

Pues bien, esta novela gráfica,El Buscón en las Indias, editada por Norma, es también ingenio, sorpresa y deleite, pues el dibujo y la impresión, los colores, son una maravilla; me llamó la atención el poderoso Aconcagua y la Canaleta que tan bien describe Fernando Garrido (Diario de Supervivencia by Fernando Garrido ); Este dibujo de objetos y paisajes, el color, es “realista”, por ejemplo la pág 13 (barco, olas, nubes…), pág 37, pág 66, pág 78…A nivel de personajes, el estilo de dibujo cambia radicalmente, expresivo, casi caricaturesco, divertido…

La trama imaginaria te lleva y te sorprende: apasiona. A nivel de guión, ya me hubiera agradado que, en ocasiones que reflejan la “vida”, los autores hubieran sopesado otras interpretaciones o versiones de la misma, aparte de los lugares comunes al uso, “leyenda negra” incluida con carácter general.

Una obra de arte.

Reseña de Zona Negativa

 

 

 

 

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