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05/02/2015 / José Quintás Alonso

Mandarinas.

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Una película que me gustó, se me pasó el tiempo “volando”. La música es la que es (no pasará a la historia por ello), los paisajes no excesivamente buscados, normales, pero me encanta la lluvia (ay!), el verde, al fondo el mar…Luego está la historia: triste y esperanzadora. ¿Por qué?. Porqué habla de un hombre bueno. Porqué pone de manifiesto el sinsentido. Y las dos cosas las hace bien, como una historia normal, sin pretensiones, sin exagerar.

 De Javier Ocaña tomo esta referencia:

Desde el derrumbamiento de la URSS, el avispero de las exrepúblicas soviéticas no ha dejado de legar conflictos territoriales, a menudo basados en las luchas étnicas y de religión, aunque con fuertes inclinaciones económicas y estratégicas, que no pocas veces han degenerado en guerras abiertas. A una de ellas, la llamada guerra civil georgiana, surgida a principios de los años noventa en las regiones secesionistas de Osetia del Sur y Abjasia, y que acabó afectando también a los estonios residentes en la zona, dedica el director georgiano Zaza Urushadze su película Mandarinas:una oda al humanismo, al entendimiento, al sentido común y a la razón por encima de los ideales y, por supuesto, de la violencia, con más virtudes en el apartado de las pretensiones morales y de paz que en el puramente cinematográfico, a pesar de haber competido al Oscar a la mejor película de habla no inglesa.

Añado, contradiciendo a Ocaña, que algo cinematográfico le verían aquellas personas que le llevaron a competir al Oscar…Pocas cosas hay no mejorables, ¿verdad?. Ya…pero hay que hacerlas!. Es lo que tiene.

 

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