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05/04/2015 / José Quintás Alonso

Las mujeres que no amaban a nadie y los políticos corruptos.

Cuando comprobé que la LIVG no influía en el número de asesinatos / homicidios de mujeres por sus parejas o exparejas, cuando comprobé los efectos que estaba produciendo sobre los divorcios (un procedimiento que debía ser sencillo!), cuando constaté que yo mismo, por ser varón y ciudadano de este Estado, me ha sido arrebatada la presunción de inocencia en según que supuestos y gracias a la acción de unos políticos que , disfrazados de justicia y buenas intenciones, nos arrastran a una guerra de sexos como  granero de votos baratos…he intentado profundizar más en el tema.

 Así llegué a saber que existía un señor que se llama Diego de los Santos, jefe del departamento de cirugía del Hospital Universitario Virgen del Rocio de Sevilla 1968, profesor de Cirugía desde 1980, Diputado en Cortes, Eurodiputado…Pues bien, esta persona, perteneciente al género humano, varón, ha escrito un libro que he comenzado  a leer y que recomiendo como regalo; es el cumpleaños de alguien… no se… no sabes que regalarle/a?: obséquiale /a con este libro (Editorial Almuzara. ISBN: 978-84-92924-05-9 ).

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Anexo parte del índice.

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En junio  de 2005 entraba en vigor la LIVG (Promovida por el Gobierno de JLR Zapatero): “Una Ley sin precedentes en nuestro entorno democrático occidental, que daba carta de escarnio y condena del varón, por el hecho de serlo, en el ámbito de la pareja. Que impone penas distintas a hombres y mujeres por los mismos hechos y que lleva implicita la presunción de culpabilidad para los varones españoles. Que funda unos juzgados de excepción, encargados de juzgar a los hombres frente a las mujeres. Por cuestión de sexo. Una Ley según la cual prácticamente todo es delito de  “maltrato”, si el sujero activo es varón. Todo o incluso nada, porque se invierte la carga de la prueba, y se presupone la culpabilidad masculina; un varón acusado tendrá que demostrar, si puede, su inocencia. Una Ley injusta, en definitiva, que no ha venido a resolver nada y que está causando ingentes dosis tanto de desdicha privada –dolor- como de desdicha pública: injusticia”.

Ha de tenerse bien presente que utilizando los datos del Instituto de la mujer, del CGPJ, del INE y el procedimiento ChiCuadrado no es posible rechazar la hipótesis nula, es decir: La LIVG no tiene influencia alguna en el numero de asesinatos / homicidios de mujeres por sus parejas o exparejas. Entonces, ¿ Para qué esta ingente cantidad de dolor?. ¿ Para qué esta ingente cantidad de injusticia?.

 Y he buscado en mi memoria y en Internet aquellos versos de Miguel Hernandez, escritos para otra situación pero que, mi cabeza, los ha traído a esta si bien las circunstancia no son las mismas, ni el desenlace es globalmente tan trágico…No es igual, ni parecido…No hay que esperar a la muerte, no hay fusiles, no hay batallas (menos mal!!!). Además y aunque entonces había mujeres en la lucha directa (por ejemplo, en CNT), la situación actual de mujer-varón y aquella, en poco se asemejan. En fin, si la hubiera escrito hoy, ese poema creo hablaría de personas (varón o mujer) y buscaría otras imágenes que signos sexuales secundarios…Pero que me digo, ¡ si el Ministerio de Desigualdad aún no ha aprendido a utilizar “PERSONA” ! (1)

Pero ¿ como permitirse por más tiempo no tener presunción de inocencia por ser varón y ante una acusación de maltrato?. ¿Cómo puede permitirse que ante una acusación  de maltrato realizada por el varón y respondida por otra denuncia de la mujer, el varón pase a ser culpable directamente y deba probar su inocencia?. ¿Cómo podemos haber retrocedido al derecho de autor, dónde un mismo hecho, según seas blanco o negro, ario o judío, varón español o mujer…sea penado de forma distinta?

Vientos del pueblo me llevan, vientos del pueblo me arrastran, me esparcen el corazón y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente, impotentemente mansa, delante de los castigos: los leones la levantan y al mismo tiempo castigan con su clamorosa zarpa.

No soy un de pueblo de bueyes, que soy de un pueblo que embargan yacimientos de leones, desfiladeros de águilas y cordilleras de toros con el orgullo en el asta. Nunca medraron los bueyes en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo sobre el cuello de esta raza? ¿Quién ha puesto al huracán jamás ni yugos ni trabas, ni quién al rayo detuvo prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza, vascos de piedra blindada, valencianos de alegría y castellanos de alma, labrados como la tierra y airosos como las alas; andaluces de relámpagos, nacidos entre guitarras y forjados en los yunques torrenciales de las lágrimas; extremeños de centeno, gallegos de lluvia y calma, catalanes de firmeza, aragoneses de casta, murcianos de dinamita frutalmente propagada, leoneses, navarros, dueños del hambre, el sudor y el hacha, reyes de la minería, señores de la labranza, hombres que entre las raíces, como raíces gallardas, vais de la vida a la muerte, vais de la nada a la nada: yugos os quieren poner gentes de la hierba mala, yugos que habéis de dejar rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos de humildad y olor de cuadra; las águilas, los leones y los toros de arrogancia, y detrás de ellos, el cielo ni se enturbia ni se acaba. La agonía de los bueyes tiene pequeña la cara, la del animal varón toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera con la cabeza muy alta. Muerto y veinte veces muerto, la boca contra la grama, tendré apretados los dientes y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte, que hay ruiseñores que cantan encima de los fusiles y en medio de las batallas.

(Miguel Hernandez).

 (1) “Cuando maltratas a una persona, eres menos persona”, esta construcción no es aceptada por el Ministerio de Desigualdad pues, el en fondo, busca mantener la imagen de una sociedad “Machista”  para así poder ejercer su real poder “Hembrista”.

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