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09/17/2018 / José Quintás Alonso

Reseña de “Diseño organizativo de la ¿sociedad?”

He copiado la reseña de la web de “Circulo Rojo”y la he pegado; el enlace está AQUÍ

El libro puedes bajártelo de  Google Books  y también de Amazon

“Reseñamos “Diseño organizativo de la ¿sociedad?”

En 1516, un clérigo y pensador inglés que terminó siendo venerado como santo por los católicos describió de un modo genial cómo era la sociedad perfecta -siempre, cómo es lógico, desde su perspectiva-. Se llamaba Tomás Moro y aquella idílica civilización, Utopía. Se trataba de una isla, creada artificialmente, en la que vivían unas gentes que defendían una serie de principios que, incluso hoy en día, pueden parecer radicales. Eran pacifistas, defendían la propiedad comunitaria los bienes, la igualdad casi total entre clases, y la libertad religiosa; y practicaban una pseudodemocracia. Tenía sus defectos, claro, como el apego por el patriarcado, imposible de esquivar, pero en general su propuesta era bastante innovadora para su época.
No fue el primero. Casi dos mil años antes, Platón propuso en La República su particular versión sobre cómo debería ser una sociedad perfecta, aunque en su caso no defendió unos principios tan libertarios y actuales.
Ha habido muchos otros que a lo largo de los siglos, y desde la filosofía o las ciencias políticas, han expresado sus propuestas para un mundo mejor… Y sus críticas hacia el riesgo que tiene dejarse seducir por estas ideas utópicas, como bien representan las obras maestras de George Orwell (1984) y Aldous Huxley (Un mundo feliz).
De alguna manera, nuestros sistemas educativos -constantemente reinventados según los políticos de turno, para grave perjuicio de nuestros vástagos-, pretenden eso, construir y diseñar mediante la escuela un futuro mundo mejor. Pero claro, algo falla, porque, aunque en términos generales el mundo ha cambiado para bien -al menos en Occidente-, aún queda mucho trabajo por hacer.
Pues bien, de eso trata este libro, Diseño organizativo de la ¿sociedad?, escrito con pluma magistral por José Quintas Alonso. No pretendo adelantar ni desvelar en exceso sus ideas y planteamientos, pero sí que hay algunos puntos que merece la pena destacar de su innovadora y curiosa propuesta.
Es acertadísima su visión sobre el asombro que sentimos los habitantes de este mundo 2.0 en el que vivimos ante el creciente descontrol, quizás aparente, de nuestras sociedades. Como acertadas son sus propuestas de crear una nueva ciencia interdisciplinar que se encargue de gestionar y coordinar el necesario diseño de una nueva sociedad y que supere, de una vez por todas, a las habituales encargadas de dirigir nuestras comunidades, las ideologías políticas y las religiones.
El punto de partida de su particular teoría es, como no podía ser de otra manera, el ser humano, el principal sujeto del cambio y el principal objetivo. Sus decisiones, siempre marcadas por su código de valores y por las circunstancias puntuales del entorno, tienen consecuencias que, si hacemos caso al efecto mariposa, afectan al conjunto de la sociedad. Por lo tanto, la clave está en conseguir sinergias y colaboraciones organizativas por parte de los individuos, aunque, claro, siempre tiene que haber un grupo de liderazgo que coordine la acción colectiva.
Por otro lado, resulta acertadísimo su diagnóstico sobre nuestra sociedad actual (occidental, obviamente). Como muchas de las sociedades del pasado, corre el riesgo de colapsar por un sinfín de factores, entre los que cabe destacar el mal hacer de los políticos, la pérdida de la soberanía nacional (por la toma del poder por parte de las empresas multinacionales y los organismos supraestatales) y las creencias irracionales. El camino, al antídoto, estaría, según el autor de este estudio, en conseguir que la Ciencia -con mayúsculas- «se involucre en la construcción de una técnica de organización de la sociedad» que posibilite un funcionamiento de esto orgánico y, si se me permite el término, holístico. Para ello, como es lógico, hay que insistir en la necesidad de que haya profesionales preparados detrás, diseñadores sociales que conozcan las técnicas y que aúnen esfuerzos para el objetivo común y que construyan los protocolos necesarios para que los políticos los lleven a cabo. En resumidas cuentas, el primer paso es formar ingenieros sociales en las universidades.
Es cierto que, en determinadas ocasiones, la densidad conceptual del libro obliga a una lectura relajada y reflexiva, y a un constante esfuerzo por aclarar ideas. Pero al final el resultado es sensacional y, sobre todo, esperanzador. Da gusto saber que hay gente pensando y luchando por un mundo mejor.
Ahora toca que las instituciones políticas y científicas le hagan caso.”

 

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