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02/01/2017 / José Quintás Alonso

Cabanyal

Resulta que va y Abraham hace estos dibujos de puro comic europeo:

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Enhorabuena!.

 

01/30/2017 / José Quintás Alonso

Románico y viajes

“Cultur viajes” es la agencia de viajes de la Fundación de Santa María del Real.

romanicocantabria

En su web y bajo el epigrafe ¿Quienes somos?, dicen:

El patrimonio está vivo, estamos plenamente convencidos de ello y queremos que tú aprendas a mirarlo, a vivirlo, a sentirlo y a disfrutarlo con otros ojos. Trabajar en el Patrimonio Cultural es una experiencia mágica, reservada a unos pocos privilegiados. Nosotros tenemos la suerte de llevar más de tres décadas accediendo a sitios únicos, a   espacios recónditos o de difícil tránsito para el común de los mortales.
 Queremos compartir nuestra suerte y nuestra experiencia contigo, que seas partícipe de la vida, de los latidos que aún se dejan sentir entre las viejas piedras de algunos lugares que guardan la memoria de lo que fuimos, de lo que somos, sitios que, de un modo u otro, dan cuenta de lo que seremos…
El Patrimonio puede llegar a emocionarte, sobre todo si lo descubres de la mano de quién mejor sabe contarlo, de   quién lo ha vivido de cerca, de quién lo ha trabajado. Te proponemos, pues, un viaje a través de la historia, un   recorrido para disfrutar con todos los sentidos, un camino que se concreta en múltiples propuestas, ¿nos acompañas?

Algunas de sus propuestas, sin duda interesantes, me parecen caras, sin embargo el apartado de “Escapadas” pienso que plantea actividades interesantes y más ajustadas.

En cualquier caso, una interesante iniciativa a la que  deso una feliz evolución y desarrollo.

 

 

01/29/2017 / José Quintás Alonso

Montaña

El ejemplar núm 15-2017 de Femecv…¡siempre interesante!!!.

femecv17

01/24/2017 / José Quintás Alonso

Harrison Bergeron distopía escrita por Kurt Vonnegut

Kurt Vonnegut escribió una breve distopia que nombró como Harrison Bergeron; inserto una traducción que he encontrado navegando y que referencio al final del texto:

Era el año 2081, y todos eran por fin iguales. No sólo eran iguales ante Dios y la ley. Eran iguales en todo sentido posible. Nadie era más listo que nadie. Nadie era más guapo que nadie. Nadie era más fuerte o más rápido que cualquier otra persona. Toda esta igualdad se debió a las enmiendas 211ª, 212ª y 213ª de la Constitución, y a la incesante vigilancia de los agentes del Discapacitador General de los Estados Unidos.

Algunas cosas  todavía no estaban del todo bien, sin embargo. Abril, por ejemplo, todavía sacaba de quicio a la gente por no ser primavera. Y fue en ese mes pegajoso que los hombres del Discapacitador General se llevaron a Harrison, el hijo de catorce años de George y Hazel Bergeron.

Fue trágico, cierto, pero George y Hazel no podían pensar mucho en ello. Hazel tenía una inteligencia perfectamente promedio, lo que significaba que no podía pensar en nada salvo en cortas ráfagas. Y George, mientras que su inteligencia era muy superior a lo normal, tenía una pequeña radio de discapacidad mental en su oreja. Él estaba obligado por ley a llevarla en todo momento. Se ajustaba a una emisora del gobierno. Cada veinte segundos más o menos, el transmisor enviaba un poco de ruido agudo para impedir a la gente como George un aprovechamiento injusto de sus cerebros.

George y Hazel estaban viendo la televisión. Había lágrimas en las mejillas de Hazel, pero se había olvidado por el momento a qué se debían esas lágrimas.

En la pantalla de la televisión había bailarinas.

Un timbre sonó en la cabeza de George. Sus pensamientos huyeron en pánico, como bandidos de una alarma antirrobo.

“Eso fue un baile muy bonito, esa danza que acaban de hacer”, dijo Hazel.

“¿Eh?”, dijo George.

“Que el baile fue bueno”, dijo Hazel.

“Sí,” dijo George. Trató de pensar un poco acerca de las bailarinas. No eran realmente muy buenas – no mejores que cualquier otra persona lo habría sido, de todos modos. Estaban cargadas con pesas y bolsas de perdigones, y sus rostros estaban enmascarados, de modo que nadie, viendo un gesto libre y gracioso o una cara bonita, se sienta como algo que el gato había recogido de la calle. George estaba jugando con la vaga noción de que tal vez las bailarinas no deban ser discapacitadas. Pero no llegó muy lejos con ella antes de que otro timbre en la radio del oído dispersara sus pensamientos.

George hizo una mueca. Lo mismo hicieron dos de las ocho bailarinas.

Hazel lo vio estremecerse. Al no tener discapacitador mental, ella tenía que preguntarle a George qué había sido el último sonido.

“Sonó como si alguien hubiera golpeado una botella de leche con un martillo”, dijo George.

“Yo creo que sería realmente interesante escuchar todos los distintos sonidos”, dijo con un poco de envidia Hazel. “Todas las cosas que se les ocurre.”

“Hm”, dijo George.

“Pero, si yo fuera el Discapacitador General, ¿sabes lo que haría?” dijo Hazel. Hazel, de hecho, tenía un gran parecido al Discapacitador General, una mujer llamada Diana Moon Glampers. “Si yo fuera Diana Moon Glampers”, dijo Hazel, “habría campanadas los domingos –sólo campanadas. Un poco en honor a la religión. “

“Yo podría pensar, si fuesen sólo campanadas”, dijo George.

“Bueno, tal vez las haría muy fuertes”, dijo Hazel.”Creo que sería una buena Discapacitadora General.”

“Tan buena como cualquiera”, dijo George.

“¿Quién sabe mejor que yo lo que es normal?” dijo Hazel.

“Es cierto”, dijo George. Empezó a pensar tenuemente sobre su hijo anormal que ahora estaba en la cárcel, sobre Harrison, pero el sonido de veintiún pistoletazos dentro de su cabeza detuvo ese pensamiento.

“¡Vaya!” Hazel dijo, “ese fue estremecedor, ¿no?”

Fue tan estremecedor que George estaba pálido y tembloroso, y lágrimas se acumulaban en el borde de sus ojos enrojecidos. Dos de las ocho bailarinas habían colapsado en el suelo del estudio y estaban sujetando sus sienes.

“De repente te ves tan cansado”, dijo Hazel. “¿Por qué no descansas en el sofá? Así puedes descansar tu bolsa de discapacidad en las almohadas, mi querido”. Se refería a las cuarenta y siete libras [21 kg] de perdigones en una bolsa de lona, que estaba encadenada alrededor del cuello de George. “Anda y descansa la bolsa por un rato”, dijo. “No me importa si no eres igual a mí por un tiempo.”

George pesó la bolsa con las manos. “No me molesta,” dijo. “Ya no lo noto. Es solamente otra parte de mí.”

“Has estado muy cansado últimamente – algo extenuado”, dijo Hazel. “Si sólo hubiera una manera de hacer un pequeño agujero en el fondo de la bolsa, y de sacar algunas de las pelotas de plomo. Sólo unas pocas.”

“Dos años de prisión y dos mil dólares de multa por cada pelota que saque”, dijo George. “Yo no lo llamaría una ganga.”

“Si sólo pudieras sacar una cuantas cuando llegas a casa del trabajo”, dijo Hazel. “Quiero decir – es que no compites con nadie por aquí. Solamente te quedas sentado.”

“Si tratara de zafarme con eso”, dijo George, “luego otra gente se saldría con las suyas también – y muy pronto estaríamos de regreso a los tiempos oscuros, con todo el mundo compitiendo contra todos los demás. No te gustaría eso, ¿verdad?”

“Lo odiaría”, dijo Hazel.

“Allí lo tienes.” dijo George. “Desde el momento que la gente empieza a quebrantar las leyes, ¿qué crees que le sucede a la sociedad?”

Si Hazel no hubiera podido llegar a una respuesta a esta pregunta, George no hubiera podido dárle una. Una sirena sonaba en su cabeza.

“Supongo que se caería en pedazos”, dijo Hazel.

“¿Qué cosa?” dijo George sin comprender.

“La sociedad”, dijo Hazel, incierta. “¿No fue eso lo que acabas de decir?

“¿Quién sabe?” dijo George.

El programa de televisión fue interrumpido de repente para un boletín de noticias. No estaba claro al principio sobre qué era el boletín, ya que el locutor, al igual que todos los locutores, tenía un serio impedimento del habla. Por cerca de medio minuto, y en un estado de gran excitación, el locutor trató de decir: “Señoras y señores.”

Finalmente, se dio por vencido, entregó el boletín a una bailarina para que lo lea.

“Está bien”, dijo Hazel sobre el locutor, “lo intentó. Eso es lo que cuenta. Trató de hacer lo mejor que pudo con lo que Dios le dio. Debería obtener un buen aumento por intentar tan duro.”

“Señoras y señores”, dijo la bailarina, leyendo el boletín. Ella debió haber sido de una belleza extraordinaria, porque la máscara que llevaba era horrible. Y era fácil ver que ella era la más fuerte y más grácil de todas las bailarinas, ya que sus bolsas de discapacidad eran tan grandes como aquellas usadas por hombres de noventa kilos.

Y ella tuvo que pedir disculpas de inmediato por su voz, la cual era una voz muy injusta para ser usada por una mujer. Su voz era una cálida, luminosa, atemporal melodía. “Disculpen-”, dijo ella, y empezó de nuevo, haciendo su voz absolutamente incompetente.

“Harrison Bergeron, de catorce años,” dijo en un graznido de mirlo, “acaba de fugarse de la cárcel, donde estuvo detenido bajo sospecha de conspirar para derrocar al gobierno. Él es un genio y un atleta, tiene insuficiente discapacidad, y debe ser considerado como extremadamente peligroso”.

Una fotografía policial de Harrison Bergeron fue proyectada en la pantalla – boca abajo, luego de lado, boca abajo otra vez, luego del lado correcto hacia arriba. La imagen mostraba la longitud total de Harrison en un fondo calibrado en pies y pulgadas. Tenía exactamente siete pies [2,1 m] de altura.

El resto de la apariencia de Harrison era mezcla de Halloween y maquinaria. Nadie jamás había llevado consigo discapacidades más pesadas. Su cuerpo había crecido más que sus discapacidades, más rápidamente que a lo que los hombres del Discapacitador General se les podía ocurrir. En lugar de una pequeña radio de oído como discapacidad mental, llevaba un par de tremendos auriculares, y gafas con gruesos lentes ondulados. Las gafas fueron pensadas para dejarle no sólo medio ciego, sino además para darle tremendos dolores de cabeza.

Chatarra colgaba de todo su cuerpo. Por lo general, había una cierta simetría, una pulcritud militar con las discapacidades suministradas a las personas fuertes, pero Harrison parecía un depósito de chatarra ambulante. En la carrera de la vida, Harrison llevaba 300 libras [136 kg] sobre sí.

Y para compensar su buena apariencia, los hombres del Discapacitador General requirieron que llevase en todo momento una pelota de goma roja como nariz, debía mantener las cejas afeitadas, y cubrir sus uniformes dientes blancos con tapas negras al azar para simular dientes salidos.

“Si usted ve a este muchacho”, dijo la bailarina, “no – repito, no – trate de razonar con él.”

Subitamente, el chirrido de una puerta arrancada de sus bisagras.

Gritos y lamentos de consternación provinieron del set de televisión. La fotografía de Harrison Bergeron en la pantalla saltó una y otra vez, como si bailara al ritmo de un terremoto.

George Bergeron identificó correctamente el terremoto, y bien podría hacerlo ya que muchas fueron las veces que su propia casa había bailado a la misma melodía estrepitosa.

“Mi Dios”, dijo George, “¡ese debe ser Harrison!”

La realización fue destruida de su mente instantáneamente por el sonido de un choque automovilístico dentro de su cabeza.

Cuando George pudo abrir sus ojos de vuelta, la fotografía de Harrison se había ido. Un Harrison de carne y hueso llenaba la pantalla.

Traqueteante, como un payaso y enorme…así estaba Harrison en el centro del estudio. La manija arrancada de la puerta del estudio todavía estaba en su mano. Bailarinas, técnicos, músicos y locutores se encogían de rodillas ante él, esperando a morir.

“¡Yo soy el Emperador!” exclamó Harrison. “¿Oyen? ¡Yo soy el Emperador! ¡Todos deben hacer lo que digo de inmediato!” Dio un pisoteo y sacudió el estudio.

“Aún al estar parado aquí”, gritó, “lisiado, cojeando, enfermado – ¡yo soy un gobernante más grande que cualquier hombre que haya vivido! ¡Ahora miren cómo me convierto en lo que puedo llegar a ser!”

Harrison rompió las correas de su arnés de discapacidad como un pañuelo de papel mojado, arrancó las correas que podían soportar cinco mil libras [2200 kg].

Las discapacidades de Harrison hechas de chatarra se estrellaron contra el suelo.

Harrison metió los pulgares bajo la barra del candado que aseguraba el arnés de su cabeza. La barra se quebró como si fuera apio. Harrison estrelló sus auriculares y gafas contra la pared.

Arrojó lejos su nariz de goma, reveló un hombre que habría asombrado a Thor, el dios del trueno.

“¡Ahora voy a elegir a mi Emperatriz!” dijo, mirando hacia abajo a la gente acobardada. “¡Que la primera mujer que se atreva a ponerse de pie exija su compañero y su trono!”

Pasó un momento, y luego una bailarina se levantó, balanceándose como un sauce.

Harrison le quitó la discapacidad mental de la oreja, rompió sus discapacidades físicas con una delicadeza maravillosa. Por último, le quitó su máscara.

Era de una belleza enceguecedora.

“Ahora-”, dijo Harrison, tomándole la mano, “¿vamos a mostrar al pueblo el significado de la palabra danza? ¡Música!” ordenó.

Los músicos gatearon de nuevo a sus sillas, y Harrison les despojó de sus discapacidades, también. “Toquen lo mejor que puedan”, les dijo, “y les haré barones y duques y condes.”

La música comenzó. Era normal en un primer momento – barata, tonta, falsa. Sin embargo, Harrison agarró a dos músicos de sus sillas, los agitó como batutas mientras cantaba la música como él quería que sonara. Les arrojó de nuevo en sus sillas.

La música comenzó de nuevo y mejoró significativamente.

Harrison y su Emperatriz sólo escuchaban la música por un tiempo, escuchaban con gravedad, como si estuviesen sincronizando sus latidos con ella.

Pasaron sus pesos a los dedos del pie.

Harrison posó sus grandes manos en la diminuta cintura de la niña, dejándole sentir la ingravidez que pronto sería suya.

Y luego, en una explosión de alegría y de gracia, ¡al aire brincaron!

No sólo las leyes de la tierra fueron abandonadas, sino también la ley de la gravedad y las leyes del movimiento también.

Se tambalearon, giraron, volaron, brincaron, cabriolaron, retozaron, y dieron volteretas.

Saltaron como ciervos en la Luna.

El techo del estudio era de treinta pies de altura [9,1 m], pero cada salto llevó a los bailarines más cerca de él.

Se convirtió en su obvia intención besar el techo. Lo besaron.

Y luego, neutralizando la gravedad con amor y pura voluntad, se mantuvieron suspendidos en el aire unas pulgadas por debajo del techo, y se besaron durante mucho tiempo, mucho tiempo.

Fue entonces que Diana Moon Glampers, la Discapacitadora General, entró al estudio con una escopeta calibre diez de dos cañones. Ella disparó dos veces, y el Emperador y la Emperatriz murieron antes de alcanzar el suelo.

Diana Moon Glampers cargó el arma de nuevo. Apuntó a los músicos y les dijo que tenían diez segundos para colocarse de vuelta sus discapacidades.

Fue entonces cuando el televisor de tubos de los Bergeron se apagó.

Hazel se dio la vuelta para comentar sobre el apagón a George. Pero George había ido a la cocina por una lata de cerveza.

George regresó con la cerveza, hizo una pausa mientras que una señal de discapacidad le sacudía. Y luego volvió a sentarse.

“Has estado llorando”, dijo a Hazel.

“Sí,” dijo ella.

“¿Por qué?” le dijo.

“Me olvido…” dijo. “Algo muy triste en la televisión.”

“¿Qué fue?” le dijo.

“Está como todo mezclado en mi mente”, dijo Hazel.

“Olvídate de cosas tristes”, dijo George.

“Siempre lo hago”, dijo Hazel.

“Esa es mi chica”, dijo George. Hizo una mueca. Se oyó el ruido de una pistola remachadora en su cabeza.

“Caramba – podría asegurar que eso fue estremecedor”, dijo Hazel.

“¡Y que lo digas!” dijo George.

“Caramba-”, dijo Hazel, “podría asegurar que eso fue estremecedor.”

Cuento distópico del escritor americano de ciencia ficción Kurt Vonnegut, publicado en 1961 y llevado a la pantalla en cuatro ocasiones (1972 – 1995 – 2006 – 2009), que satiriza el igualitarismo, la mediocridad como norma social y la servidumbre voluntaria ante un gobierno totalitario. Traducido del inglés por Daniel Duarte. Tomado de la web del Instituto Mises (http://www.miseshispano.org/ )

 

 

 

 

01/21/2017 / José Quintás Alonso

Comunicado de muerte: Ikigami

Panini está editando obra de Motorô Mase; en Febrero sale “Demokracia 3” y  hay 10  de Ikigami.

ikigami

¿Qué es el Ikigami?. Dicen :

“Atrévete a vivir como si fueras a morir mañana. En este país hay una ley, la Ley para el sostenimiento de la prosperidad estatal. Consiste en el reparto de unos comunicados, los ikigami, que notifican la muerte a unos pocos elegidos para que los ciudadanos respeten la vida y contribuyan al progreso del país. A quien recibe el comunicado le resta sólo día de vida… Sólo 24 horas… ¿A qué hay que dedicar ese último día? ¿Cómo debo afrontarlo? ¡¡He aquí un drama llevado al extremo que te hará encoger el alma!!. Guión: Motorô Mase Dibujo: Motorô Mase”

Como me ocurrió en Demokracia, el guión me sorprendió totalmente… también en Ikigami; los nombres están perfectamente escogidos, los razonamientos parecen sacados de la vida misma, de los sloganes de los partidos, de un contexto muy parecido al nuestro. Mase, en cada ejemplar, retrata un par de personas de ese uno por mil, que recibe el Ikigami; efectivamente algún relato “te encogerá el alma”.

Para leer, para pensar, para distraerse viendo el dibujo (blanco y negro, muy lineal… pero expresivo…).

Estamos ante un autor que producirá (¿o ha producido ya?) obras de “culto”.

Enhorabuena y gracias.

01/17/2017 / José Quintás Alonso

Género:sistema cerrado, por tanto acientífico e inmune a la crítica

Adjunto tres videos recientes sobre el tema del Género:

Conferencia larga, pero pienso que contiene aspectos interesantes, otros discutibles, a cargo de una Exfuncionaria de la ONU (según su presentación):

 

Corto Video animado, realizado por la “Profesionales ética”:

 

Género y discriminación positiva en clave de ¿humor?

Hace unos años y relativo al “Género”, escribí lo que transcribo a continuación:

Según la Real Academia Española, en la 23 edición del diccionario de la Lengua, dice (cursiva):

1-Conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes.

2-Clase o tipo a que pertenecen personas o cosas.

3-Grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico.

Género humano. m. Conjunto de todas las personas.

Por supuesto, la acepción tercera puede acercarse a la interpretación de género que se maneja hoy en ambientes políticos, sociológicos… : hablar de género es políticamente correcto como en otros momentos lo fue hablar del eter. No obstante, tengan en cuenta que la acepción tercera permite hablar de varios géneros dentro de los seres que llamamos humanos; en ocasiones se emplea la palabra “rol” , entendiendo que el “rol”, o el “género sociológico” puede cambiar varias veces en la vida de la misma persona que es, en definitiva, quien se asigna el “rol” que desea o , lo que es lo mismo, el “género sociológico” que desea (en principio, sin más trámite que su libre albedrio).

Mientras que podemos decir que hay dos sexos biológicos (v,m), hasta este momento se detectan seis, siete o más, géneros o sexos sociológicos( v, m, L,G,T,B,I); así pues, cada persona ostenta un sexo biológico y creo que un sexo sociológico, si bien este puede cambiar hasta un total de, hasta el momento presente, siete formas –creo- dependiendo del “rol sexual” que la persona considere jugar, si bien supongo que no están prohibidas las repeticiones, la “fluidez”.

En el momento actual y desde el punto de vista operativo, el concepto de “Género/sexo Sociológico” es inútil para el trabajo en curso dado que no existen datos(INE, EUROSTAT ) y, cuando los haya, la variabilidad personal puede producir efectos insospechados; puedo proponer dos cuasi-experimentos mentales:

  1. Si un varón biológico denunciado por Violencia de Género en España, afirmara que es del Género Sociológico Femenino su status legal debería de variar sustancialmente según la teoría expuesta.
  2. Por último y visto el cariz que toma la sociedad, ¿serian descartables cambios de “rol” o “género / sexo sociológico” masivos?; pienso que no, pues la “discriminación positiva” motiva a ello (rota la igualdad ante la Ley, a aquellos grupos que se quedan “simplemente” en la Ley, son “discriminados negativamente” de hecho).

En cualquier caso, lo relativo al “género sociológico” tiene todas las características para ser un sistema cerrado y por lo tanto acientífico e inmune a la crítica; como quiera que además los DATOS son absolutamente imprescindibles para una investigación, descarto el “rol”, género/sexo sociológico dada la carencia de los mismos; utilizaré los datos que existen segregados en varón / mujer, que, como podrá comprobar quien se adentre en estos temas a nivel de la UE-28, ni de estos datos relativos a varones y mujeres biológicos, podemos disponer a determinados niveles.

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Nada que añadir, el tema del Género es una teoría de  locura en estado puro (no es la primera ni será la última!).

Los seres humanos somos vulnerables a repeticiones machaconas, a repeticiones constantes, a la acción de aparatos de propaganda debidamente organizada, al miedo. Cuando estos, aquellos o los de más allá controlan totalmente el Estado, este Leviatán muestra su verdadera cara… no estoy descubriendo algo nuevo:

1471895226_090033_1471951350_noticia_fotogramaEsta fotografia de archivo muestra uno de los matrimonios forzosos ordenados por el Estado en Camboya, bajo los Jemeres Rojos (despues de años de lucha armada y una situación muy complicada, levantaron una “Kampuchea Democrática” -parece una broma la subversión del lenguaje!-… y en 44 meses crearon un horror); puedes ver el siguiente video de epv.elpais.com:

 

 

 

01/12/2017 / José Quintás Alonso

FMoli-PCampana-Ponoig

Se trata de senderismo; ¿lo más complicado? : los bastones. ¿Habilidad necesaria?: atarse las botas /zapas. ¿Actitud conveniente?: respeto a la montaña.

¿Entrenamiento?: pues si.

Esta ruta la describí anteriormente de forma que hoy va telegráfica.

Vas a Finestrat, la Font del Molí y dejas el coche. Enfrente de ti el carreró, la pedrera; kilometro vertical homologado y sacado con nota, pues en ves de 5 km, se recorre en tres ( es decir: las pendientes son mayores). Enfrente hay desniveles de 45-50..o más. Pero no hay exposición. Mira que perfil. El primero es el Puig y el segundo el Ponoig. Repara en la pendiente del Kilometro vertical.

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Por primera vez grabé la ruta en Wikilocs; puede encontrarse como “FMoli-PCampana-Ponoig” y también con el ID:16087460

Es la segunda vez que utilizo Wikilocs (¡fantástica!), así que no estoy muy ducho e interrumpí justo alcanzado el León Dormido. Bueno.

La pedrera hay que evitarla (aquí y dónde las haya), pues avanzas dos y retrocedes uno; pero, ya desde el inicio, a la derecha encuentras camino, vertical (sin zetas), pero más sólido; los múltiples caminos te sacan a la pedrera…mal… sólo hay que ir en dos ocasiones creo, para volver a la derecha, sin subir la roca, pero muy próximo a ella en ocasiones. Como dije: no exposición.

La baja por la umbría tiene pasos para ir con cuidado: se trata de bajar despacio. Pero sin mayor problema; han puesto algún pasamanos de madera, una cuerda y un  agarre metálico en un paso.

Llegas al coll del pouet y al Ponoig. Es mucho más suave, bonitas vistas… algunos pasos para ir con cuidado.

La bajada por el miso camino hasta el coll del pouet y pillas la Solsida o, mi caso, el más corto: el camí de la serra (según bajas del Ponoig, a la derecha; si vienes del Puig a la izquierda).

Inserto unas fotografías. Pero… no subes por el paisaje… al menos, no subo por el paisaje.

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Esos dos hitos y la señal roja en el árbol caído…¿que indican?. No se. Posiblemente el camino a la roca; majestuosa, imponente…aterradora quizás…y sin embargo: lo logran.

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