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01/20/2019 / José Quintás Alonso

Juegos para la mente

Ivan Moscovich publicó este libro:

Cada juego tiene 4 ítems; dos vienen dados por Ivan y dos son para el usuario. Dificultad ( de 1 -fácil- a 10-muy dificil-), Requiere: tiene 4 niveles -mentales, lápiz y papel,trazar o copiar y cortar-; los  dos ítems de jugador son: Completado (S/N) y Tiempo.

Cada juego viene con una cabecera en la que están los cuatro ítems (dos siempre en blanco) y luego la explicación, el planteamiento del juego, problema, reto.

A muchos humanos nos agrada jugar.

Algunos tienen cientos de años; por ejemplo: “Un problema Sangaku de 1803″:

“Ubica sobre el diámetro del gran circulo rojo, dos figuras: un triangulo isósceles y un circulo más pequeño de color verde, El triangulo debe apoyar la base sobre el diámetro del circulo grande. El circulo pequeño verde debe de tener su diámetro sobre el del circulo grande (diámetro del verde más base del triángulo= diámetro del rojo) 

Agrega un tercer círculo que sea tangente a los otros dos y al triángulo. Dibuja un segmento desde el centro de este tercer círculo hasta el punto en el que el círculo verde y el triángulo se intersecan sobre el diámetro del círculo grande.

¿Puedes probar que este segmento es perpendicular al diámetro del circulo grande?”

Ánimo.

 

01/19/2019 / José Quintás Alonso

Herramienta para preparar viajes a Galicia

Interesante herramienta para preparar viajes a Galicia.

 

01/18/2019 / José Quintás Alonso

La era de la perplejidad. Repensar el mundo que conocíamos-4

En el libro publicado por OpenMind (BBVA) “La era de la perplejidad. Repensar el mundo que conocíamos”, escribe Jan-Werner Müller (El auge ¿imparable? del populismo). De dicho artículo copio y pego algunos párrafos que están en cursiva.

Mi opinión:

  1. Plantea el autor posibles causas del populismo; es decir, está en un análisis previo, pero previo…PREVIO….después viene la recogida de datos cuantificables y posteriormente hacer el análisis estadístico… En fin, lo veo más cercano a la actividad de comentarista que a la de científico. Posibles causas, bien… posibles causas…
  2. Personalmente, muy personalmente… cuando oigo a alguien (últimamente a las “izquierdas” y a los “nacionalistas progresistas!!”… hace 50 años a las derechas) hablar del “pueblo” … un escalofrío me recorre la columna vertebral. Esto no es una conclusión, es una emoción, una alerta de “peligro”… algo muy básico e instintivo.

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Asimismo, lanzaré algunas hipótesis sobre las «causas probables» del populismo y señalaré posibles estrategias para contrarrestar a los populistas.

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Pero, lo que es clave, proclaman que ellos, y solamente ellos, representan a «la gente real» o a la famosa «mayoría silenciosa». Por consiguiente, señalan a todos sus oponentes como fundamentalmente ilegítimos. Nunca están en tela de juicio solamente las diferencias políticas, ni siquiera los valores —lo cual sería no solo absolutamente normal sino muy productivo en una democracia—. Lo que hacen los populistas es personalizar y moralizar el conflicto político: «los otros» insisten, son corruptos, «los otros» son deshonestos.

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Menos obvio es que los populistas insinúan que todo el que no comparte su concepción de «pueblo» —y que, por lo tanto, no los apoya— pertenece al grupo contrario, a los sospechosos.

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Lo que sí es preocupante es el antipluralismo de los populistas. Siempre suelen excluir a dos niveles: en el ámbito de la política de partidos se presentan a sí mismos como los únicos representantes legítimos del pueblo, mientras que el resto queda excluido, por lo menos moralmente; y a otro nivel menos evidente, el del propio pueblo si se quiere, quienes no comparten su construcción simbólica del «pueblo real» (y, consecuentemente no los apoyan desde el punto de vista político) quedan también excluidos. Dicho de otro modo, el populismo lleva implícita la reivindicación del monopolio moral de la representación del supuesto «pueblo real», que conduce inevitablemente a políticas identitarias excluyentes

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Como dice el abogado constitucionalista alemán Christoph Möllers, no es lo mismo contar la mayoría que sentir la mayoría. A menudo los populistas enfrentan los sentimientos contra los números cuando, en definitiva, contar correctamente los números es todo lo que tenemos en una democracia.

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La idea de que los populistas que lleguen al poder se verán abocados a fallar estrepitosamente, a no ser que se moderen de una manera u otra, parece reconfortante. Pero es otra ilusión. Por una parte, que protesten necesariamente contra las élites no significa que cuando estén en el gobierno se vuelvan contra sí mismos. De todos los fracasos de un gobierno populista se puede seguir culpando a las élites, que seguirán actuando entre bambalinas y manejando los hilos, ya sea dentro del país o desde el extranjero (y en este punto volvemos a encontrar la nada casual conexión entre populismo y teorías conspiratorias). Muchos populistas vencedores siguen comportándose como víctimas después de haber ganado; las mayorías pueden actuar como minorías maltratadas. Hugo Chávez, por ejemplo, se refería siempre a oscuras maquinaciones de la oposición —esto es, la «oligarquía» oficialmente depuesta— o a Estados Unidos, que pretendía sabotear su «socialismo del siglo xxi». El presidente turco Erdogan se presentaba a sí mismo como un David ante Goliat; siempre sería un luchador callejero del barrio estambulí de Kasimpasa, enfrentándose valientemente al antiguo régimen kemalista de la república turca mucho después de empezar a concentrar en sus manos todo el poder económico, político y cultural del país. Un efecto secundario del golpe militar del verano de 2016 fue el refuerzo de su imagen como luchador del pueblo contra las fuerzas visibles e invisibles del mal —los militares y la oscura red de Gülen— en contraste con la imagen de sultán recluido en su pomposo palacio presidencial que había estado mostrando en los años anteriores. Todavía más inquietante resulta el hecho de que, cuando los populistas consiguen mayorías suficientes en el parlamento, intenten construir regímenes que parezcan democracias, pero perfectamente diseñados para perpetuar el poder de los populistas (como los supuestos únicos representantes moralmente legítimos del pueblo real). Lo primero que hacen es colonizar u «ocupar» el Estado. Pensemos en Hungría y en Polonia como ejemplos recientes. Uno de los primeros cambios que introdujeron Orbán y su partido tras llegar al poder en 2010 fue transformar la Ley de Servicio Civil para poder colocar a sus leales en puestos burocráticos que no deberían ser partidistas. Tanto el Fidesz en Hungría como el Partido de la Ley y la Justicia (PIS), de Jaroslaw Kaczynski en Polonia, se movieron deprisa para eliminar la independencia del poder judicial. Captaron a los líderes de los medios de comunicación y se decretó que los periodistas no podían informar de manera que los intereses de la nación (o sea, del partido en el gobierno) se vieran perjudicados. Y todo el que criticara estas medidas era vilipendiado y tildado de colaboracionista de las élites corruptas o, directamente, de traidor (Kaczynski hablaba de «polacos de la peor calaña» que «llevan la traición en su ADN»). El resultado final es que los partidos populistas crean un Estado a su gusto y a su imagen y semejanza; un estado PIS y un estado Fidesz, si se quiere. Esta estrategia para consolidar o incluso perpetuar el poder no es exclusiva del populismo, evidentemente. Lo que los populistas tienen de especial es que ocupan y colonizan abiertamente las estructuras del Estado: ¿por qué no lo iban a hacer, preguntan indignados, si es el pueblo real y soberano el que toma posesión del Estado a través de sus únicos representantes legítimos?; ¿por qué no se va a purgar a aquellos que están obstruyendo la genuina voluntad popular en nombre de la neutralidad del servicio civil?

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Queda aún un elemento de la política populista —que casi podríamos llamar «el arte de gobernar» populista— que debe entenderse con claridad. Los populistas que llegan al poder tienden a ser duros (como mínimo) con las organizaciones no gubernamentales que los critican. Bien es verdad, nuevamente, que hostigar a la sociedad civil no es exclusivo del populismo, pero sí que lo es la visión que tienen de la oposición social como un desafío simbólico; cuando es la sociedad civil la que los ataca, ven amenazada su reivindicación de ser los únicos representantes morales del pueblo. Sería una paradoja intolerable y necesitan desesperadamente argumentar (y supuestamente «demostrar») que la sociedad civil no tiene nada de «civil», y que cualquiera que se les oponga no tiene nada que ver con el «pueblo real». Así, tanto Putin como Orbán y el PIS polaco han hecho enormes esfuerzos para desacreditar a las ONG acusándolas de estar controladas por potencias extranjeras (declarándolas legalmente como «agentes extranjeros») y llamando a sus miembros «activistas a sueldo». Algo así hizo Trump cuando millones de personas se manifestaron contra su prohibición de entrada en Estados Unidos de los musulmanes.

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Pero en todo esto hay una trágica ironía: los populistas incurren en los mismos pecados que antes habían cometido las élites del sistema y acaban excluyendo a los que no interesan y usurpando el Estado. Todo lo malo que ha estado haciendo el sistema es justo lo que los populistas en el poder acabarán haciendo. La diferencia estriba en que el sistema corrupto era consciente de actuar mal en beneficio propio y escondía su corrupción, mientras que los populistas siempre encuentran la justificación moral adecuada que les permite ir con la cabeza muy alta y dormir con la conciencia tranquila. Es realmente ilusorio creer que el populismo pueda mejorar la democracia. Los populistas no son más que élites diferentes que intentan acceder al poder con la ayuda de una fantasía colectiva de pureza política

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Causas:

  1. Muchos estudios coinciden en reconocer que los problemas económicos parecen desempeñar un papel preponderante, pero no es lo único;
  2. Segundo, al populismo puede venirle bien que un país esté ya experimentando algún tipo de «guerra de culturas».
  3. En tercer lugar, y a riesgo de parecer obvio: es necesario que haya agravios
  4. En cuarto lugar está lo que podríamos llamar la «tecnocracia liberal» que fortalece el populismo… <Sigue>… Lo que parece ser menos obvio, porque tecnocracia y populismo parecen extremos opuestos, es que ambos compartan una característica importante: son formas de antipluralismo

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Al contrario de lo que a los liberales les gusta creer, no todo lo que dicen los populistas es necesariamente demagógico y falso, aunque ciertamente se presenten apoyados en una gran mentira: que hay un pueblo singular y auténtico del que ellos son los únicos representantes. Para combatir al populismo, es necesario comprender y socavar ese pilar fundamental del discurso populista.

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En este ENLACE puedes encontrar el texto completo.

01/17/2019 / José Quintás Alonso

La era de la perplejidad. Repensar el mundo que conocíamos-3

En el libro publicado por OpenMind (BBVA) “La era de la perplejidad. Repensar el mundo que conocíamos”, escribe Robin Mansell (La realidad recuperada: una investigación sobre la era de los datos). De dicho artículo copio y pego algunos párrafos que están en cursiva.

Mi opinión:

  1. Pienso que el tema que plantea Robin Mansell se irá resolviendo merced a la velocidad de la propia innovación y disrupción tecnólogica, al tiempo que los diferentes Estados toman medidas (democráticamente en algunos – en estos, los ciudadanos/as y clientes, influirán en las políticas- y de otras formas en el resto). ¿Habrá vencedores y perdedores?: posiblemente. La UE necesita tomar decisiones para situarse en estos escenarios…
  2. La adivinanza del futuro que viene es difícil o imposible; lo que si me parece obvio es que la democracia tal como la conocemos, con unos partidos políticos e imaginario del siglo XIX-XX, tiene que adaptarse, tiene que cambiar… como cambia todo (y ese cambio no creo será un retorno a un pasado irracional, con su Stalin o Hitler de turno). Precisamos “Trabajo racional en equipo /pluri-multi-trans-disciplinariedad”

 

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Con la posible excepción de la nanotecnología y la biotecnología, ninguna otra tecnología parece prometer tantas mejoras en las vidas de los ciudadanos como la digital. Esta se distingue por su ubicuidad y sus múltiples aspiraciones de uso. Las tecnologías digitales están implicadas en cómo trabajamos, cómo compramos, cómo aprendemos y cómo jugamos, y desempeñan el papel vital de empoderar a los individuos y las comunidades. Se espera que la aplicación de dichas tecnologías incremente la productividad y la competitividad, transforme los sistemas educativos y culturales, estimule el intercambio social y democratice las instituciones. Aun así, hay constantes peticiones para reevaluar su gestión cuando los beneficios prometidos van acompañados de peligros, reales o imaginarios, para los consumidores y los ciudadanos en general. La difusión de estas tecnologías por toda la sociedad está poniendo en cuestión nuestras ideas más arraigadas sobre el poder, los privilegios y la influencia social. Urge evaluar si estas aspiraciones están siendo realmente realizadas, dada la posibilidad que de los supuestos beneficios puedan tornarse en promesas vanas o acaben siendo simples aproximaciones a las transformaciones profundas que se prometían.

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Aunque la Declaración de Principios acordada en la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información, celebrada en 2003, hace hincapié en el «deseo común y el compromiso de construir una sociedad de la información centrada en las personas, inclusiva y orientada al desarrollo», en consonancia con la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, predomina una aproximación centrada en la tecnología, tanto en la literatura sobre políticas y comercio como en la literatura de muchas ramas académicas. Algunos expertos insisten en que no existe un modelo único de sociedad digital, pero persiste el modelo homogéneo que minimiza los factores sociales, culturales, políticos y económicos que pueden conducir a resultados de inversión digital muy diferenciados. Incluso cuando las visiones de una vía hacia el futuro transformadora surgen de la deliberación de múltiples actores, la suposición subyacente es que serán los mercados competitivos los que la traigan, a pesar de que los mercados de servicios digitales no operan de acuerdo con los supuestos de la teoría del mercado perfectamente competitivo. La opinión predominante es que la innovación en el ámbito digital debe entregarse al mercado con la menor intervención política proactiva posible. Una excepción a todo esto se encuentra en el ámbito de la cualificación digital. La brecha de habilidades es sustancial y hay mucho debate acerca de la descualificación y la mejora de la cualificación. La dirección que lleva la innovación digital está afectando a la distribución de ingresos de las poblaciones, reemplazando a seres humanos por máquinas para  umentar la productividad, con predicciones muy variables sobre la gravedad de la  amenaza para la subsistencia de los trabajadores y sobre la rapidez con que se producirá el desplazamiento laboral. Es muy escasa la oferta de trabajadores cualificados en ámbitos como la inteligencia artificial (IA), la gestión de datos, el control de calidad de los datos y la visualización de datos. Los estudios sobre la brecha digital suelen centrarse en la mejora de competencias en el ámbito técnico. Muchos países están introduciendo estrategias para mejorar la cualificación en materias STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, incluida la codificación). Estas cualificaciones son necesarias para el empleo en análisis de datos, la ciencia de los datos y el campo de la IA, pero la falta de equidad en el mundo digital no puede ser abordada sin prestar atención a otros elementos determinantes de desigualdad y exclusión.

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El analfabetismo digital es un problema creciente. Hay herramientas para filtrar y censurar la información, pero cuando los menores y los adultos no pueden discernir un anuncio o entre «noticias falsas y noticias fiables», se ponen en cuestión los supuestos fundamentales de la participación cívica en el sistema político. En el Reino Unido, las investigaciones demuestran que solo el 25 por ciento de los niños de entre ocho y once años pueden entender la diferencia entre un anuncio o un enlace patrocinado y un post corriente colgado en las redes sociales. Alrededor del 33 por ciento no lo saben diferenciar. Algo menos del 50 por ciento de los niños de entre doce y quince años y solo seis de cada diez adultos podían explicar la diferencia1. Investigadores estadounidenses examinaron a estudiantes de todo el país y también hallaron que relativamente pocos podrían distinguir un anuncio de una noticia o de la información de un grupo de presión política. Concluyeron que «nos preocupa que la democracia se vea amenazada por la facilidad con que se propaga y prospera la desinformación sobre los asuntos cívicos».2

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Manuel Castells señaló a finales de los años noventa la gran brecha existente entre el «sobredesarrollo tecnológico» y el «subdesarrollo social», y esta brecha sigue ampliándose.4 Reducirla requiere considerar vías alternativas para el futuro de las sociedades digitales, pero el debate actual se centra básicamente en cómo garantizar el derecho público de acceso a la información, la libertad frente a la vigilancia indeseable y la protección de la privacidad individual utilizando las tecnologías disponibles en el mercado.

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En la industria, el objetivo es garantizar, independientemente de los sesgos de los sistemas computacionales y las máquinas de aprendizaje, la investigación y el desarrollo, sean llevados a cabo con el objetivo de mantener a la gente segura, feliz y potencialmente más rica. El desafío para los responsables de la formulación de políticas es determinar no solo si los sistemas digitales actuales son explotadores o liberadores, inclusivos o exclusivos, sino también evaluar si la innovación avanza por un camino en el que los sistemas técnicos se conviertan en los principales impulsores de los resultados sociales y, crecientemente, nieguen la voluntad humana.

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Su premisa básica es que una «autoridad superior», por ejemplo el Estado, el sector empresarial o el cliente, tenga el control sobre los resultados del proceso de innovación.

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Ampliar la gama de los futuros que se pueden imaginar requiere de una agenda proactiva encaminada a guiar la vía de la innovación tecnológica digital. Los imaginarios sociales imperantes, que asumen una trayectoria «natural» de la innovación, están siendo cuestionados. Por ejemplo, Luc Soete se pregunta: «¿Es posible que la innovación no sea siempre buena para usted?».7 Sugiere que, en lugar de un proceso beneficioso de destrucción creativa al estilo de Schumpeter, que depende de un proceso continuo de innovación tecnológica, en la actualidad estamos siendo testigos de un período de «creación destructiva».

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Sin embargo, si la cuantificación de todo significa que las sociedades corren el riesgo de llegar a ser ingobernables por humanos, entonces hay que reevaluar la noción de que la cuantificación de la vida, permitida por sofisticados sistemas de IA y las aplicaciones, es sinónimo de mayor interés para la humanidad. Son posibles resultados alternativos, pero solo si un imaginario social diferente comienza a destacarse y a dar forma a las decisiones sobre la equidad y la justicia en el presente, y también sobre si la «autoridad superior» debe seguir siendo humana.

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Se necesitan políticas para mejorar la cualificación, hacer frente a los fallos del mercado, limitar los daños y reducir la desigualdad, pero las cuestiones más importantes planteadas por la invasión de la IA y el aprendizaje automático no deben dejarse en manos del mercado, de los negocios, del Estado ni de los representantes de la sociedad civil. Lo más importante es asegurar un sólido diálogo entre todas las partes que permita considerar las «nociones e imágenes normativas más profundas» que sustenten la creencia generalizada de que la dirección general del cambio tecnológico es consistente con la autonomía y el florecimiento humanos.

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En este ENLACE puedes encontrar el texto completo.

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¿Dar un vistazo?:

  1. Artículo-1
  2. Artículo-2
  3. Artículo-3
  4. Blade runner
  5. Elysium

 

 

01/16/2019 / José Quintás Alonso

La era de la perplejidad. Repensar el mundo que conocíamos-2

En el libro publicado por OpenMind (BBVA) “La era de la perplejidad. Repensar el mundo que conocíamos”, escribe Jannis Kallinikos. De dicho artículo copio y pego algunos párrafos que están en cursiva.

Mi opinión:

  1. No es de recibo que se apunte que un patrón que señale correlación sirva para establecer, así de simple, causa-efecto. Las Ecuaciones Estructurales y sus desarrollos, han de tenerse en cuenta de forma prioritaria.
  2. Hay un impulso fundamental generado por empresas que ven en la explotación de los datos (incluidos los generados por la IoT) la posibilidad de adelantar tendencias que señalen a determinados productos y servicios como deseados. Perfecto.
  3. Los partidos políticos, en su mayoría, permanecen anclados en el siglo XIX-XX y no colaboran en la generación del mencionado impulso descrito en el ítem segundo.
  4. Vuelva al primer ítem (a la hora de merendar, por ej., salga del bucle. ¡Es broma!!)

 

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La generación masiva de datos es la marca distintiva de nuestra era y la disponibilidad de los mismos, su Santo Grial (Ayres, 2007; Pentland, 2014; Kallinikos, 2007). Al estar disponibles, se supone que los datos pueden decirnos quiénes somos, cuál es el perfil exacto de nuestras preferencias o cómo se siente nuestro cuerpo, incluso si no somos conscientes de ello; cómo funcionan los mercados y las organizaciones, qué amigos elegir y a qué comunidades deberíamos unirnos; qué viajes, hipotecas o seguros contratar este año, qué vuelos pueden ser más baratos hoy, en qué acciones invertir durante los próximos meses, qué películas u obras de teatro ver esta semana y qué canciones escuchar, cómo llegar a un destino por el laberinto urbano de las ciudades modernas, etc. Esta es solo una pequeña lista de la gran cantidad de tareas cotidianas que realizamos ayudados por el procesamiento de datos. La suposición que subyace a esta creencia es que, si se examinan correctamente, los datos capturados y almacenados de forma masiva y meticulosa, todos los días y en todas las esferas de la vida, podrían arrojar luz sobre realidades personales, sociales y naturales y abordar un impresionante abanico de problemas a los que se enfrentan la gente y las sociedades. Ya contamos con una gran variedad de tecnologías y servicios que ofrecen este tipo de información (Ayres, 2007; Brynjolfsson y McAffee, 2014; Ekbia y Nardi, 2017; Pentland, 2014).

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Es importante observar que dicho cambio es posible gracias a: 1) la notable expansión y agregación de fuentes de datos sobre las condiciones de las que dependen los cultivos alimentarios, y 2) el cálculo de los rendimientos futuros en función de las técnicas estadísticas de agregación de datos y análisis. La expansión de los datos es el resultado de los avances tecnológicos de la documentación de la realidad (imágenes por satélite, mapas digitales del suelo, pronósticos del clima), mucho más allá de cualquier percepción humana y de cualquier capacidad de registro. También están supeditados a la capacidad (tecnológica) para agrupar dichos datos en bases o depósitos que los hacen transmisibles entre distintas fuentes de datos a las que se permiten agregar nuevos datos mediante técnicas estadísticas.

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Si bien estas tendencias pueden interpretarse de manera diferente, estaría fuera de lugar cuestionar la actual importancia de los datos y la revolución tecnológica, mediante la cual los datos se convierten en un componente vital de la vida económica e institucional.

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Estos desarrollos se amplían y refuerzan aún más con otra tendencia conocida popularmente como «internet de las cosas» (IoT, por sus siglas en inglés). En muchos aspectos, el IoT ofrece un ejemplo directo y vívido de la transición que intento describir en este apartado. A través del IoT, la voluminosa apariencia de las cosas y su realidad se transforman en una masa de marcas computables (es decir, datos) que se despliegan como base para desarrollar una serie de servicios tanto para usuarios humanos como para máquinas del ámbito doméstico. Dichos servicios no son más que relaciones de datos extraídas de la meticulosa grabación y la datificación del uso de los electrodomésticos y las redes de servicios, así como de otras estructuras mecánicas que el capitalismo industrial nos legó y que el IoT está expandiendo en la actualidad.

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En otras palabras, los desarrollos tecnológicos y culturales descritos en este artículo muestran atributos genéricos que atraviesan contextos específicos de la vida social e institucional. Estos atributos genéricos, que he identificado con el predominio de la cognición sobre la percepción, la preponderancia de la información y los principios computacionales en la definición de la realidad, no pueden desecharse con la retórica generalizada de apropiación tecnológica, maleabilidad tecnológica o adaptación contextual que se han vuelto comunes en las últimas décadas (Bijker, 2001; Bijker et al., 1987; Orlikowski, 2000). Deben descomponerse y conceptualmente estudiarse, empíricamente, para exponer las formas distintivas a través de las cuales se manifiestan, cambian y se funden en el tejido de las prácticas sociales.

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En este ENLACE puedes encontrar el texto completo.

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Notas.-

1-El nuevo desarrollo (Ciencia de los datos)

2-Ecuaciones Estructurales

3-La imagen pertenece a Fernando Santamaría

01/15/2019 / José Quintás Alonso

La era de la perplejidad. Repensar el mundo que conocíamos-1

He comenzado a leer el libro publicado por OpenMind (BBVA) “La era de la perplejidad. Repensar el mundo que conocíamos”; el primer artículo es de Fco Gónzalez y de él copio y pego algunos párrafos que están en cursiva.

Extraigo dos notas:

  1. La metodología de extracción “causa-efecto”, apoyada en datos estadísticos es una gran asignatura pendiente.
  2. BBVA ha hecho una apuesta decidido, entre otras, por la “inclusión financiera” a través de la telefonía móvil y canales diversos (¡y sorprendentes!); es una muestra de cómo, en buena parte, se “diseña” la sociedad (y de ahí las interrogaciones en el título en el último texto que he escrito).

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“La segunda mitad del siglo xx y los primeros años del xxI han sido una fase de expansión global sin precedentes. El aumento de la productividad ha permitido sostener un crecimiento rapidísimo de la población mundial, desde menos de 2.500 millones de personas en 1945 hasta 7.500 millones en la actualidad. Y ello con una mejora sin par de las condiciones de vida.

De acuerdo con la metodología del Banco Mundial, que contabiliza el número de personas que viven con menos de 1,90 dólares al día,1 en 1945 más de dos tercios de la población mundial se encontraba por debajo de esa línea, es decir, más de 1.600 millones de personas vivían en condiciones de pobreza extrema. En 2015, los «pobres extremos» eran menos de 700 millones, por debajo del 10 por ciento de la población mundial.

Esta tendencia favorable se ha ido acelerando en las últimas décadas. El porcentaje de pobres extremos sobre la población global venía reduciéndose, aunque lentamente, desde comienzos del siglo XIX, pero su número en términos absolutos siguió aumentando hasta los años setenta del siglo xx. Desde entonces ha ido disminuyendo no solo el porcentaje, sino también el número de personas en situación de necesidad extrema, y lo ha hecho a un ritmo creciente a partir de los años noventa. En 1990 todavía había un 35 por ciento de pobres extremos en el mundo (cerca de 1.500 millones de personas), mientras que hoy la cifra absoluta ha caído a menos de la mitad, y el porcentaje que representan en relación con la población total se ha reducido a una cuarta parte.

La globalización y el avance tecnológico han sido los motores principales de este progreso. Y otro factor, no independiente de los anteriores, ha tenido un gran peso, especialmente en el período reciente: el fortalecimiento de las instituciones en muchos países emergentes, con la consolidación de estructuras políticas, jurídicas y económicas más estables y fiables, la extensión de los principios del libre mercado y del imperio de la ley y la mejora de la seguridad jurídica. Como resultado, los países emergentes, sobre todo en Asia, han experimentado un salto sin precedentes en su desarrollo, liderando e impulsando el crecimiento mundial.

El crecimiento en los países desarrollados, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta la Gran Recesión de 2008, ha sido inferior al de los emergentes, pero también extraordinario en términos históricos.”

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“Según todas las previsiones, este proceso va a continuar: hasta 2050, el crecimiento medio anual de los países emergentes será aproximadamente el doble que el de los desarrollados. China sobrepasará a Estados Unidos como la mayor economía mundial hacia 2030, e India lo hará en torno a 2050. Para esa fecha, seis de las siete mayores economías del mundo serán emergentes: Indonesia, Brasil y México serán mayores que Alemania y Japón, y Turquía, mayor que Italia. El conjunto de Europa representará menos del 10 por ciento del PIB global.

Este proceso no es sino una recuperación (parcial) de las posiciones anteriores a la revolución industrial, que impulsó el crecimiento económico y la hegemonía política de los países occidentales a partir del siglo xIx. Hacia finales del siglo xvIII, Asia representaba el 80 por ciento de la economía mundial; China e India, por sí solas, suponían más del 65 por ciento, mientras que Europa no llegaba al 10 por ciento (Marks, 2002). En 1950, Europa occidental y Estados Unidos representaban más del 50 por ciento del PIB global y China, el 5 por ciento.”

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“Incluso si, como muchos creemos, el progreso y el bienestar social han venido siempre de la mano del avance técnico, y esta vez no tiene por qué ser una excepción, los efectos positivos siempre se han presentado después de un proceso de transición, con ganadores y perdedores. Y esta cuarta revolución industrial plantea retos particularmente complejos.

En cualquier caso, los resultados siempre serán mejores, y los costes inferiores, si se aplican políticas adecuadas. Unas políticas que no se resistan en absoluto al avance tecnológico, sino que potencien sus efectos favorables; que garanticen la igualdad de oportunidades, es decir, que las pongan al alcance de todos, y que reduzcan los costes de transición a corto y medio plazo.

Hay líneas de acción que contribuyen simultáneamente a alcanzar todos estos objetivos. Para ello, se deben fomentar la investigación, el desarrollo y la innovación, así como el emprendimiento, impulsar la transparencia y la competencia en los mercados y desarrollar las infraestructuras necesarias.”

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“Hoy hay en el mundo alrededor de 3.200 millones de personas bancarizadas, es decir, personas que disponen de una cuenta con la que realizar transacciones financieras (más del 90 por ciento en bancos, pero también en cooperativas de crédito, bancos postales, instituciones de microfinanzas, etc.).

Pero más de 2.000 millones de personas, el 40 por ciento de los adultos del mundo, no tienen acceso a ningún tipo de servicio financiero «formal». Estas personas se concentran en las zonas del mundo de más bajos ingresos, aunque también hay en países con ingresos medios o altos.

La tasa de personas excluidas de los servicios financieros es todavía mayor en el caso de las mujeres y de las personas que viven en áreas rurales, y más alta a medida que se desciende en la escala de la pobreza. Además, en torno a 200 millones de pequeñas y medianas empresas de todo el mundo no tienen acceso a suficiente crédito, o a ninguno en absoluto.

Es bien conocido que el emprendimiento —y con él la inversión—, el crecimiento económico y el bienestar se ven muy perjudicados cuando los ahorros no se canalizan de forma productiva, los pagos resultan difíciles y costosos y el crédito es escaso y caro.”

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“Todas estas son tareas complejas, a veces pospuestas en favor de otras aparentemente más urgentes. Sin embargo, sus resultados son muy positivos. Por eso, cada vez ocupan un lugar más destacado en la agenda de muchos gobiernos de países emergentes y de las organizaciones multilaterales que se ocupan del desarrollo. Y el objetivo final ya no está lejos. El Banco Mundial se ha fijado la meta de conseguir la inclusión financiera universal para el año 2020. Aunque esta aspiración sea demasiado ambiciosa, existe una esperanza muy fundada de alcanzarla a lo largo de la próxima década.”

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“BBVA es un grupo financiero con más de 150 años de historia, resultado de la incorporación, en el transcurso de todo este tiempo, de más de 150 bancos y entidades financieras de todo tipo. El grupo está presente en más de 30 países, de manera especialmente fuerte en España, América Latina, Estados Unidos y Turquía, y cuenta con 71 millones de clientes, más de 8.400 oficinas físicas y más de 132.000 empleados en todo el mundo. Es una entidad financiera de éxito, entre las más eficientes y rentables del mundo. Y, sin embargo, en 2007 BBVA emprendió un largo, duro e incierto proceso de transformación para adaptarse al acelerado avance tecnológico y a los cambios que este está provocando en la economía, la sociedad y las personas, cambios que, en última instancia, están alterando el statu quo y van a dar lugar a una industria enteramente nueva, en la que BBVA quiere ser protagonista.”

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En este enlace (bbva-openmind-la-era-de-la-perplejidad-repensar-el-mundo-que-conociamos) puedes encontrar el texto completo.

 

01/09/2019 / José Quintás Alonso

Serrella

Hoy ha sido la primera vez que he ido a la Serrella. Si no surgen problemas inesperados, volveré. Al menos pueden hacerse 4 rutas cada una con su desafío; es posible que Ardillas organice alguna ida en este 2019.

Esta es la primer ruta que hago en el 2019; los doce meses anteriores hice 42. La hice en solitario y cuando estaba “confuso” aparecieron dos senderistas/montañeros que creo venían de Millena: Ivan y otra persona de más edad pero en excelente forma (Siento no acordarme del nombre) que me invitaron a ir con ellos, pasamos por la Cova Foradada a la otra vertiente y me dejaron en la pista, camino del Recingle. Gracias!!!.

Llevaba un track de la ruta que funcionó bien todo el camino menos en un punto determinado que algo ocurrió que imposibilitó seguirlo (quizás el autor habia subido por la Coveta y el track estaba por encima de mi, aunque al verlo en dos dimensiones engaña); por otra parte, el tramo de la Cova Foradada hasta pasar a la otra vertiente, hay un momento que el track señala idas y venidas inexistentes…es como si el algoritmo tuviera un problema de interpretación). Una vez en la pista, sin problemas seguir el track  cuyo ID es:  740062.-

Por mi parte, he subido a wikiloc la ruta (ID: 32072974) y explico la circunstancia que ha ocurrido. Otra cosa, en la web de Wikiloc el desnivel aparece como 1.161+, pero en el móvil – aplicativo de wikiloc tb- aparece 828+ y 830- (me creo más estos últimos datos).- 13,64 km.-

El día ha sido claro, limpio; se podía ver y distinguir muy lejos; no obstante, las caprichosas formas de las agujas y los Frares estaban bien cerca. Es una bonita sierra para volver, para caminarla hasta conocerla. Ruta Moderada, si hubiera niebla -por ejemplo- el cantar seria muy diferente. Es abrupta, es sorprendente.

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