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03/03/2018 / José Quintás Alonso

No me diga que es lo que dicen las redes sociales….

Una vecina, visiblemente alterada e indignada, me comentó unas declaraciones; yo solo había subido al ascensor para llegar a la calle…calladito. Al despedirse me comentó para dar autoridad a su alegato: lo dicen las redes sociales.

Posteriormente oí las declaraciones y no había concordancia entre estas y lo transmitido en el corto viaje en el ascensor. Espero no pillar miedo a subir al mismo…

Lo diga quien lo diga, debe uno de mantener una sana actitud crítica y debe comprobar, verificar…

El tema de la mentira, la falacia, el engaño es viejo como la humanidad.

En fin, abreviando: he encontrado dos webs, cuyas direcciones adjunto, que hablan del Kit del Escéptico de Carl Sagan y que coinciden en su contenido…así que supongo es el correcto y está transcrito del original. Por otra parte, personalmente, me parece perfecto el Kit. ¡Qué sea útil!

Web Información y Realidad  ; Kit del escéptico ; Falacias

Web RedBullKit del Escéptico

Las entradas son estas:

INFORMACIÓN Y REALIDAD

El conocido científico y divulgador Car Sagan, dejó meses antes de su fallecimiento una obra en la que vuelca su conocimiento sobre cómo evitar engaños y manipulaciones presentes en la propaganda o a través de la transmisión de bulos, falsos mitos y otros tantos peligros a los que se enfrenta la sociedad: El mundo y sus demonios. La ciencia como una luz en la oscuridad  (Carl Sagan, 1995)

En esta obra, Sagan intenta explicar el método científico al ciudadano corriente como forma principal de evitar caer en engaños. Para ello redactó nueve reglas básicas:

  1. Siempre que sea posible debe haber una confirmación independiente de los «hechos».
  2. Estimular un exhaustivo debate involucrando a los defensores y detractores mejor informados, desde todos los puntos de vista.
  3. Los argumentos de autoridad tienen poco peso. Las «autoridades» han cometido errores en el pasado. Lo harán de nuevo en el futuro. Puede que sea mas correcto decir que en la ciencia no hay autoridades; como máximo, hay expertos.
  4. Barajar más de una hipótesis. Si hay algo que explicar, piense en todas las diferentes formas en las que se podría hacer. Luego piense en formas con las que poner a prueba y poder refutar sistemáticamente cada una de las alternativas. Lo que sobrevive, la hipótesis que resiste la refutación darwiniana en esta selección entre «múltiples hipótesis de trabajo», tiene la mejor oportunidad de ser la respuesta correcta que si simplemente se hubiera quedado con la primera idea que pasó por su mente.
  5. Intente no encariñarse con una hipótesis sólo porque es la suya. No es más que una estación de paso en la búsqueda del conocimiento. Pregúntese por qué le gusta la idea. Compárela a fondo con las alternativas. Vea si se pueden encontrar razones para rechazarla. Si usted no lo hace, otros si lo harán.
  6. Si aquello a lo que se busca explicación es susceptible de medirse, de atribuirle alguna cantidad numérica, tendrá mucha más capacidad para ser discriminada entre hipótesis rivales. Lo que es ambiguo y cualitativo está abierto a muchas explicaciones. Por supuesto que hay verdades que han de ser buscadas en numerosos ámbitos cualitativos a los que estamos obligados a enfrentarnos, pero encontrarlas es más difícil.
  7. Si hay una cadena de argumentos, todos los eslabones deben ser correctos (incluyendo la premisa) —no sólo la mayoría de ellos .
  8. Navaja de Occam. Esta conveniente regla de oronos insta a elegir la solución más simple cuando se enfrentan dos hipótesis, que explican igualmente bien los datos.
  9. Siempre pregúntese si la hipótesis puede ser, al menos en principio, falsable. Las proposiciones que son incontrastables o infalsables no sirven de mucho. Considérese la abrumadora idea de que nuestro universo y todo en él es sólo una partícula elemental —un electrón, por ejemplo— en un cosmos mucho más grande. Pero, si nunca podemos adquirir información de fuera de nuestro universo, ¿cómo se puede saber si es cierto o no? Se ha de ser capaz de verificar las afirmaciones. Hasta el mayor de los escépticos ha de tener la oportunidad de seguir su razonamiento, de forma que pueda repetir el experimento y ver si consigue el mismo resultado.

REDBULL

Parece que la información tergiversada y las mentiras nunca habían sido tan prevalentes, sobre todo en internet. ¿Cómo podemos evitar ser víctimas de ellas? Sagan nos lo dice en su Kit del escéptico.

Vivimos en la era de la información y es justamente por esto que nunca la desinformación había sido tan prominente en nuestra vida diaria. Es más fácil compartir opiniones y creencias que datos duros y verdades, peor aún las redes sociales están diseñadas para alimentarnos de opiniones y datos que solo reafirmen lo que ya creemos.

La pseudociencia y las falsedades ahogan los datos y las realidades que intentan salir a la luz, es por esto que hoy más que nunca es importante equiparnos con herramientas cognitivas que nos ayuden a detectar la desinformación.

Esta realidad hace más relevante que nunca el clásico libro de Carl Sagan “El mundo y sus demonios: la ciencia como una luz en la obscuridad”. En este libro, Carl nos habla de cómo la ciencia y el método científico son la mejor herramienta que tenemos para luchar contra los peores vicios que tenemos como humanos, nuestros llamados “demonios”.

Y es que estos demonios tienen la ventaja. Nacemos con ellos; para luchar y vencerlos debemos de equiparnos con las herramientas correctas, herramientas cognitivas y del pensamiento que fortalezcan nuestro sentido común y nuestra capacidad para detectar falsedades.

En el capítulo doce de su libro, Sagan comparte lo que él llama su “Kit de herramientas para el pensamiento escéptico”

“El pensamiento escéptico es simplemente el medio de construir, y comprender, un argumento razonado y –especialmente importante– reconocer un argumento falaz o fraudulento. La cuestión no es si nos gusta la conclusión que surge de una vía de razonamiento, sino si la conclusión se deriva de la premisa o punto de partida y si esta premisa es cierta.

Estas herramientas no son solo para científicos o académicos. Si nos decidimos a utilizarlos, nos podemos proteger de ser manipulados. Estas herramientas nos ayudaran a tomar decisiones más informadas y, en consecuencia, mejores decisiones de vida.

Estas son las nueve herramientas que Sagan comparte en este capítulo:

  1. Siempre que sea posible tiene que haber una confirmación independiente de los “hechos”.
  2. Alentar el debate sustancioso sobre la prueba por parte de defensores con conocimientos de todos los puntos de vista.
  3. Los argumentos de la autoridad tienen poco peso: las “autoridades” han cometido errores en el pasado. Los volverán a cometer en el futuro. Quizá una manera mejor de decirlo es que en la ciencia no hay autoridades; como máximo, hay expertos.
  4. Baraje más de una hipótesis. Si hay algo que se debe explicar, piense en todas las diferentes maneras en que podría explicarse. Luego piense en pruebas mediante las que podría refutar sistemáticamente cada una de las alternativas. Lo que sobrevive, la hipótesis que resiste la refutación en esta selección darwiniana entre “hipótesis de trabajo múltiples” tiene muchas más facilidades de ser la respuesta correcta que si usted simplemente se hubiera quedado con la primera idea que se le ocurrió
  5. Intente no comprometerse en exceso con una hipótesis porque es la suya. Se trata sólo de una estación en el camino de búsqueda del conocimiento. Pregúntese por qué le gusta la idea. Compárela con justicia con las alternativas. Vea si puede encontrar motivos para rechazarla. Si no, lo harán otros.
  6. Si lo que explica, sea lo que sea, tiene alguna medida, alguna cantidad numérica relacionada, será mucho más capaz de discriminar entre hipótesis en competencia. Lo que es vago y cualitativo está abierto a muchas explicaciones. Desde luego, se pueden encontrar verdades en muchos asuntos cualitativos con los que no vemos obligados a enfrentarnos, pero encontrarlas es un desafío mucho mayor.
  7. Si hay una cadena de argumentación, deben funcionar todos los eslabones de la cadena (incluyendo la premisa), no sólo la mayoría.
  8. La navaja de Occam. Esta conveniente regla empírica nos induce, cuando nos enfrentamos a dos hipótesis que explican datos igualmente buenos, a elegir la más simple.
  9. Pregúntese siempre si la hipótesis, al menos en principio, puede ser falsificada. Las proposiciones que no pueden comprobarse ni demostrarse falsas, no valen mucho. Consideremos la gran idea de que nuestro universo y todo lo que contiene es sólo una partícula elemental — — un electrón, por ejemplo — — en un cosmos mucho más grande. Pero si nunca podemos adquirir información de fuera de nuestro universo, ¿no es imposible refutar la idea? Ha de ser capaz de comprobar las aseveraciones. Debe dar oportunidad a escépticos inveterados de seguir su razonamiento para duplicar sus experimentos y ver si se consigue el mismo resultado.
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